Especialistas recuerdan que los cambios hormonales también pueden afectar a la salud vulvar, vaginal y urinaria, provocando sequedad, picor, irritación o dolor durante las relaciones sexuales.¹ La campaña Te Toca(s), impulsada por Shionogi, promueve el conocimiento de la anatomía vulvar y la autoexploración como parte del autocuidado femenino
Aunque los sofocos y los sudores nocturnos son dos de las manifestaciones más conocidas de la menopausia, esta etapa también puede provocar cambios en la salud vulvar, vaginal y urinaria. Entre ellos se encuentra el Síndrome Genitourinario de la Menopausia (SGM), que afecta aproximadamente al 50-75 % de las mujeres y puede provocar sequedad, picor, dolor durante las relaciones sexuales o molestias urinarias.¹
Los especialistas recuerdan la importancia de conocer los cambios que puede experimentar el cuerpo durante esta etapa y consultar con un profesional sanitario cuando generan malestar o afectan a la calidad de vida. En este contexto, iniciativas como Te Toca(s), impulsada por Shionogi, buscan fomentar el conocimiento de la anatomía vulvar y normalizar la autoexploración como parte del autocuidado femenino.
Más del 80 % de las mujeres experimenta algún síntoma durante la transición menopáusica, aunque su frecuencia, intensidad y duración pueden ser muy diferentes de una mujer a otra.¹ Además de los sofocos y los sudores nocturnos, la menopausia puede venir acompañada de numerosos síntomas físicos, psicológicos, sexuales y genitourinarios. Entre ellos se encuentran alteraciones del sueño, cansancio y fatiga, irritabilidad, cambios en el estado de ánimo, dificultad de concentración, migrañas o cefaleas, pérdida de interés por el sexo, molestias vaginales o determinados problemas urinarios.¹
La menopausia también afecta a la salud vulvar y urinaria
Entre los cambios menos conocidos asociados a esta etapa se encuentra el Síndrome Genitourinario de la Menopausia (SGM), término que engloba un conjunto de signos y síntomas derivados fundamentalmente de la disminución de estrógenos y que puede afectar a la vulva, la vagina y el aparato urinario.¹
Se estima que el SGM afecta aproximadamente al 50-75 % de las mujeres.¹ El descenso hormonal puede provocar cambios en los tejidos vulvares y vaginales, como adelgazamiento de los tejidos, menor elasticidad y lubricación o cambios en la anatomía vulvar y vaginal.¹˒²
Sus manifestaciones pueden ser tanto genitosexuales como urinarias. Entre las primeras se encuentran la sequedad vaginal, sensación de ardor, picor, irritación, menor lubricación, molestias o dolor durante las relaciones sexuales y cambios en el deseo o la respuesta sexual.¹˒²
En el ámbito urinario pueden aparecer síntomas como mayor frecuencia y urgencia urinaria, molestias al orinar o infecciones urinarias recurrentes.¹
Un impacto que va más allá de los síntomas físicos
Estos cambios no afectan únicamente al bienestar físico. El SGM puede tener consecuencias sobre la función sexual, la percepción de la propia imagen corporal, la autoestima y la calidad de vida de las mujeres.³
De hecho, un estudio realizado en mujeres posmenopáusicas españolas observó que los síntomas vaginales asociados al SGM tenían un mayor impacto en ámbitos como la función sexual, la percepción de una misma y la imagen corporal.³
Por ello, los especialistas inciden en la importancia de no normalizar el malestar como una consecuencia inevitable del envejecimiento y consultar con un profesional sanitario ante síntomas persistentes o que interfieran en el día a día.
Reconocer los cambios para poder consultar
La sequedad, el picor, las molestias urinarias o el dolor durante las relaciones sexuales pueden no identificarse inicialmente como síntomas relacionados con la menopausia. Conocer cómo cambia el cuerpo durante esta etapa puede ayudar a reconocerlos y facilitar su abordaje en consulta.
En este contexto, la campaña Te Toca(s) propone incorporar la autoexploración vulvar como una práctica de conocimiento y autocuidado corporal.
La autoexploración no tiene una finalidad diagnóstica ni sustituye en ningún caso la valoración de un profesional sanitario. Su objetivo es ayudar a las mujeres a familiarizarse con su propia anatomía, reconocer su normalidad y prestar atención a posibles cambios.
De esta forma, puede contribuir a conocer mejor la propia vulva, detectar cambios respecto a la situación habitual, identificar molestias o síntomas y, especialmente, dar el paso de consultar con un profesional sanitario cuando algo preocupa, cambia o persiste.
Los especialistas recuerdan, además, que no es necesario soportar síntomas que afectan al bienestar o a la calidad de vida. Existen diferentes alternativas para su abordaje y la elección debe realizarse de forma individualizada junto con un profesional sanitario.¹
Referencias
1. Carlson K, Vadakekut ES. Menopausia. 23 de marzo de 2026. En: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2026 En–.
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK507826/
2. Bornstein J, Goldstein AT, Stockdale CK, Bergeron S, Pukall C, Zolnoun D, Coady D; ISSVD Terminology and Classification Committee of Vulvar Pain, the International Society for the Study of Vulvovaginal Disease (ISSVD), the International Society for the Study of Women’s Sexual Health (ISSWSH), and the International Pelvic Pain Society (IPPS). 2015 ISSVD, ISSWSH and IPPS Consensus Terminology and Classification of Persistent Vulvar Pain and Vulvodynia. Journal of Lower Genital Tract Disease. April 2016;20(2):126-130.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27002677/
3. Moral E, Delgado JL, Carmona F, Caballero B, Guillán C, González PM, Suárez-Almarza J, Velasco-Ortega S, Nieto Magro C; grupo de redacción del estudio GENISSE. El impacto del síndrome genitourinario de la menopausia en el bienestar, el funcionamiento y la calidad de vida en mujeres posmenopáusicas. Menopausia. Diciembre de 2018; 25(12):1418-1423.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29944636/
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