EL OCASO DE LA HEGEMONIA
Cómo EE.UU. está perdiendo su dominio global
Imagen obtenida de DELL_E según prompt del autor.
Por JACA, Santander, julio 2026
Durante décadas, el mundo giró en torno a una voz central: la de Estados Unidos. La globalización del siglo XX y principios del XXI se escribió en inglés, se financió en dólares y se diseñó desde Washington. Pero ese orden, que parecía eterno, se está desmantelando ante nuestros ojos.
La administración Trump no solo ha cuestionado los pilares del multilateralismo —con propuestas como la salida del FMI y el Banco Mundial— sino que ha acelerado un giro que ya venía gestándose: EE.UU. dejó de ser un actor predecible para aliados y adversarios. El abandono de la globalización refleja un viraje doméstico hacia el conservadurismo, alimentado por la creciente desigualdad, la polarización política y el ascenso del nacionalismo.
El cierre de agencias como USAID y Voice of America, la retirada del sistema multilateral y el rediseño de la arquitectura de seguridad internacional como un “servicio de pago” han acelerado el desmantelamiento de la influencia blanda estadounidense. El mundo ya no escucha una sola voz.
Las guerras actuales: un plan para reforzar el dólar
Los conflictos que sacuden el planeta en 2025 no son solo disputas territoriales o ideológicas. Detrás de las guerras actuales hay un cálculo económico: reforzar la hegemonía del dólar.
La dominación del dólar permite a Estados Unidos pedir prestado con gran amplitud y pagar intereses considerablemente más bajos que muchos otros países. Es un privilegio que Washington no está dispuesto a ceder. Sin embargo, la era de dominio del dólar está llegando a su fin. En el primer trimestre de 2025, los datos del FMI mostraron que la participación del dólar en las reservas mundiales cayó a aproximadamente 57.7%, y para junio de 2025 el dólar había perdido cerca de un 11% de su valor, la mayor caída en más de cincuenta años.
Lo que distingue el momento actual de predicciones anteriores es que el rol global del dólar está siendo desafiado en las tres dimensiones simultáneamente: comercio y pagos, estatus de reserva y activo seguro, y uso para inversión y financiamiento. La caída de los precios del petróleo y las prioridades domésticas de los países del Golfo sugieren que el declive del enfoque en el dólar continuará. Proyecciones indican que las reservas en dólares podrían caer del 58% actual al 24% para 2050.
El gigante militar: 954 mil millones de dólares en 2025
Estados Unidos sigue siendo, con diferencia, el mayor gastador militar del mundo. En 2025, el gasto militar estadounidense ascendió a 954 mil millones de dólares, lo que representa el 33% del gasto militar global total.
Aunque esta cifra supone un 7,5% menos que en 2024 —principalmente por la ausencia de nueva ayuda militar a Ucrania— sigue siendo una cantidad astronómica. Para ponerlo en perspectiva: EE.UU. gasta más en defensa que los siguientes nueve países combinados. China gastó 336 mil millones, Rusia 190 mil millones y Alemania 114 mil millones.
El presupuesto del Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) para 2025 fue de 17.100 millones de dólares. Parte de ese dinero va a proteger a los estados del Golfo, miembros de la OPEP, en una relación que muchos críticos describen como un subsidio encubierto a los productores de petróleo. El gasto militar en Medio Oriente alcanzó los 218 mil millones de dólares en 2025, un incremento del 36% en la última década.
De acreedor a deudor: el fin de una era
Quizás el cambio más significativo en el estatus global de EE.UU. es su transformación de acreedor neto a deudor crónico. La deuda pública federal de Estados Unidos superó los 37 billones de dólares a principios de 2026, con una relación deuda/PIB que alcanzó el 123%.
En 2024, EE.UU. registró un déficit de 1,8 billones de dólares, la mitad de los cuales se destinó al pago de intereses. Para mediados del año fiscal 2025, el déficit ya había superado los 1,3 billones. En 2024, los intereses de la deuda superaron por primera vez el presupuesto de defensa, alcanzando 1,1 billones de dólares.
Hay fuertes evidencias de que el mercado global de bonos dejó de dar trato especial al crédito del Tesoro estadounidense. La pérdida de influencia financiera significa que la capacidad de Washington para imponer sanciones o ejercer presión sobre otras naciones se está debilitando. El mundo ya no confía ciegamente en la deuda estadounidense.
Una economía rentista en crisis
La economía estadounidense se ha transformado en lo que los economistas llaman una “economía rentista”: un sistema donde la extracción de riqueza financiera prima sobre la producción real.
El economista Michael Hudson[1] argumenta que el poder financiero de EE.UU. está enraizado en la dependencia global y la extracción, prediciendo un cambio hacia la productividad real y el alejamiento de la economía rentista que definió el siglo XX. Hudson y Richard Wolff[2] sostienen que EE.UU. está saboteando su propia economía mediante recortes fiscales imprudentes, creciente desigualdad y devaluación del dólar.
Un nuevo estudio del Council on Foreign Relations conceptualiza el “capitalismo de estado estadounidense” como un sistema donde el gobierno actúa como inversor, intermediario y rentista. La economía envía señales mixtas: el crecimiento se ha ralentizado, la creación de empleo se ha debilitado, pero los precios siguen subiendo de manera obstinada. Los analistas hablan de una “inflación liderada por rentistas”, que extrae más de los consumidores sin ofrecer crecimiento o seguridad a cambio.
La batalla por el petróleo: el verdadero tablero
Detrás de la retórica geopolítica, el control del negocio del petróleo a nivel mundial sigue siendo el objetivo central de Washington. Y en 2025, EE.UU. ha movido fichas con agresividad.
Estados Unidos se mantuvo como el mayor productor mundial de petróleo crudo en 2025. Pero no se conforma con producir: quiere controlar. En enero de 2026, la administración Trump anunció que controlaría “indefinidamente” las ventas de petróleo de Venezuela, utilizando los ingresos para reconstruir la economía del país sudamericano. Un movimiento que algunos analistas interpretan como un aseguramiento del suministro en previsión de las consecuencias de la guerra contra Irán.
El aumento del precio del petróleo beneficia directamente a EE.UU. Investigaciones recientes demuestran que la economía estadounidense en 2025 resiste mejor los shocks de precios del petróleo que en 2005. Las exportaciones de petróleo alcanzaron un récord de 7,732 millones de barriles por día en noviembre de 2025. Precios más altos significan más ingresos para los productores estadounidenses y menos déficit comercial.
Ucrania: el misil que dispara Washington
En la guerra de Ucrania, EE.UU. no solo proporciona armas: proporciona inteligencia para golpear el corazón energético de Rusia.
Según reportes del Financial Times, Estados Unidos ha estado ayudando a Ucrania durante meses a lanzar ataques de largo alcance contra instalaciones energéticas rusas, incluyendo refinerías de petróleo muy detrás de la línea del frente. La inteligencia estadounidense ha ayudado a Kiev a planificar rutas, altitudes, tiempos y decisiones de misión, permitiendo que los drones de ataque evadan las defensas aéreas rusas.
Desde el verano de 2025, los ataques ucranianos han golpeado al menos 16 de las 38 refinerías de Rusia, forzando a Moscú a reducir las exportaciones de diésel y recortar la capacidad de refinación hasta en un 20%.
¿El objetivo final? Que EE.UU. sea el beneficiario del aumento del precio del petróleo. Al golpear la infraestructura energética rusa, se reduce la oferta global de petróleo y derivados, lo que presiona al alza los precios. Y en ese escenario, el mayor productor de petróleo del mundo —EE.UU.— sale ganando.
El fin de una era
En resumen, Estados Unidos está perdiendo su papel como líder indiscutible del orden global. La deuda se dispara, el dólar se debilita, la influencia se erosiona y la estrategia exterior se reduce a un cálculo económico: proteger el petróleo, sostener el dólar y extraer rentas del resto del mundo.
El mundo que emergerá de esta transición no será unipolar. Será multipolar, fragmentado, incierto. La voz de Estados Unidos ya no es la única que se escucha —y cada vez resuena menos.
Referencias consultadas:
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Author: Jorge A. Capote
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Author: Carolina Olivares Rodriguez (Escritora)
